Loading...
Buscar

Categoría: estado de ánimo

Uno de los grandes miedos que me ha perseguido durante estos años, ha sido el no poder volver a casa. Ir a algún sitio, a trabajar, algún concierto, salir por la noche o simplemente caminar y no poder volver por lo cansada que estás, porque te duelen las piernas o porque no te responden cuando intentas caminar.

Estar muchas horas fuera de casa es un gran esfuerzo. Es habitual (y recomendable) hacer pequeños descansos cada cierto tiempo, procuro hacerlos en casa pero según las circunstancias no siempre es posible.

Un ejemplo, es el día de evaluación, es decir, el día que los profesores nos reunimos para poner las notas. Ese día, lo paso íntegramente fuera de casa, suelo salir a las diez de la mañana y llegar a casa a las ocho de la noche. Es un día especial y afortunadamente es solo uno por evaluación, pero por muchos descansos que haga, desgasta estar fuera de casa tanto tiempo y mi cuerpo se resiente.HombreCansado

Me agobia pensar que ese día voy a estar tan cansada que no voy a poder ni conducir de vuelta a casa o que mis piernas van a estar tan doloridas que no voy a poder ni llegar al coche. Empiezo a imaginarme que tendré que pedir ayuda para volver a casa, entonces me pondré histérica y empezaré a llorar, como si estuviera indefensa y no tuviese otras soluciones para volver.

Según han ido pasando los años, he ido cogiendo experiencia sobre cómo reacciona mi cuerpo, y en consecuencia, ese miedo ha ido decreciendo. Además, planifico las salidas largas, los períodos y los lugares en los que puedo descansar. Aunque lo más importante es que, nunca he dejado de ir a un sitio por este miedo y nunca lo haré.

A lo largo de estos años he ido construyendo «algo» a base de fuerza de voluntad, esfuerzo y tesón. Ese «algo» no sabría definirlo de una manera específica: podría tener forma de escalera, en el que voy subiendo peldaños; o de muro, en el que hago una separación entre mi vida y la múltiple; o incluso, en forma de casa acogedora en donde me refugio de todo.

Ese «algo» lleva tan sólo cuatro años y medio de construcción, no es mucho tiempo, pero lo suficiente para darme cuenta de su efecto. No ha sido una construcción continua, a veces ha sido algo intermitente, pero siempre lo he tenido en mente, y en cierto modo, es lo que me ha ayudado a querer seguir construyendo.

ConstruyendoMuroLo primero que hay que hacer para construir es querer hacerlo. Ese fue mi primer ladrillo. Durante el primer año no hubo muchos más, casi no hacía deporte, trabajaba como si el estrés no me afectara, estaba más triste que contenta y hacía como si la múltiple no fuera conmigo. Luego, puse alguno más con la decisión de cambiar de trabajo, pero llegó una mala época y todo lo que había construido se derrumbó.

Volví a poner el primer ladrillo cuatro meses después, empecé otra vez a construir ese «algo«, sin prisa pero con una mayor seguridad. Pero llegó un brote y tuve que dejarlo por un tiempo, aunque cuando me recuperé, volví a poner más ladrillos. Unos meses después, suspendí la oposición en la que había puesto todas mis esperanzas profesionales. En este punto, paré la construcción para dedicarme a divertirme y a vivir la vida ignorando a la múltiple y muchos de sus cuidados.

Cuando me entró la cordura, que fue a la vez que acabó el verano, intenté reparar lo poco que ya tenía construido y me prometí a mí misma que el camino que tenía que seguir era el de la construcción de ese «algo» y en el que por cierto, todavía sigo. Llevo más de dos años y medio de construcción casi ininterrumpidos, ahora lo que tengo edificado es muy fuerte, aunque no invencible. Ese «algo» construido, me hace estar muy orgullosa del camino recorrido.

Son muchos los días, que prefieres quedarte en la cama hecha un ovillo que levantarte al mundo real. La opción es tentadora, estás cansada, no te encuentras bien y te apetece desaparecer. Esos días, saco fuerzas y me levanto.

Llevaba una semana bastante bien, pensaba que mi brote sensitivo se estaba pasando y estaba contenta por ello. Cuando te despiertas y te das cuenta de que sigue ahí, te gustaría desaparecer y mandarlo todo a tomar viento. Piensas que nada de lo que haces sirve, te da rabia y te enfadas con el mundo porque tus ilusiones de recuperación ya no están. Quieres quedarte en la cama y evadirte de todo.

Antes de ayer, reuní toda mi energía y en unos minutos me levanté. Me dediqué a hacer lo que hago cada mañana: desayunar, escribir en el blog, leer, escuchar música, ir a la piscina y prepararme para ir a trabajar. Como si de una competición se tratara, esos días me gusta motivarme: escucho algunas de mis canciones favoritas y me pongo mi vestido o  pantalones favoritos.Motivacion

Especialmente esos días son los que más pereza te da todo. Fui a la piscina por inercia, y a trabajar por obligación. El agua me relaja y me distrae y el trabajo solo hace que me olvide de todo. Así que mientras pueda, iré.

Prefiero pensar que la semana pasada dí tres pasos al frente y estos días dos hacia atrás, así el resultado de la operación siempre es positivo. Prefiero creer que poco a poco el brote remitirá, porque algún día tendrá que acabar y estaré esperando ese fin con ganas e ilusión. Y mientras espero… ya lo sabéis: escucho música.

Pongo un enlace del vídeo de una canción de Lori Meyers que se titula «Mi realidad», por ella es el título de este post y una de las canciones que me dan energía y me suben el ánimo cada mañana: Lori Meyers – Mi realidad

A «http://coral-descolorido.espacioblog.com»>María le diagnosticaron múltiple en 2009, pasó de ser María la estudiante de medicina que se pone al mundo por montera, a ser María con múltiple. María con múltiple, María con una etiqueta, María con una tara.

ChicaEtiquetada

Cuenta que si tenía los pies fríos, era porque es una friolera; sí no veía bien, es porque era miope y le habría subido las dioptrías; antes estaba cansada porque su vida era un no parar. Ahora la historia es otra, si tiene los pies fríos es una característica de la múltiple y si no ve bien, seguramente sea por el nervio óptico; o si esta cansada es por la maldita fatiga. En definitiva, por la múltiple.

No sabe qué pasará con ella, ni cuándo, ni cómo, ni si estará preparada para lo que venga. También quiere saber qué tiene que hacer para estar bien, para que no le den brotes o para que su múltiple este menos activa.  Tiene miedo, tiene mucho miedo, y eso, no le deja avanzar.

Desde el diagnóstico, María lo ve todo negro, todo negativo, demasiados cambios según ella. Tiene motivos para estar contenta, no le dan brotes, tiene algunas molestias pero los resultados de las pruebas que le han hecho, no podrían haber sido mejores, y quiere ser feliz,  dejarse llevar, pero no puede: le pesan las palabras » múltiple».

Al año de diagnóstico, tuve un pequeño bache emocional (os hablaré de esto en un post). Digamos que estaba bastante baja de ánimo y todo me parecía una auténtica mierda. Acudí a la psicóloga de la asociación para que me ayudara. Para ello, hicimos un ejercicio durante varias semanas, que quiero compartir:

Todos los días, al final de día tuve que apuntar en una hoja cuál había sido el momento más feliz del día o qué situación me había puesto contenta. Por otra parte, tenía que poner qué es lo que me había hecho enfadar o qué es lo que me había puesto más triste. En ambas opciones, tenía que poner una nota a lo que había escrito. La nota la ponía en función de lo que ese acontecimiento había repercutido en mi vida. Así tenía lo que me hacía más feliz durante el día y lo que no. Lo apunté durante meses.

Según iban pasando los días, iba repasando los anteriores. Me di cuenta de que siempre las situaciones felices tenían menos nota que las otras, y que, los momentos no-felices apuntados, eran casi siempre los mismos. No me gustó cuando me di cuenta de que valoraba más lo negativo que lo positivo. Eso me dolió, y decidí en ese momento, que nunca volvería a ocurrir. Sobretodo porque casi todo, eran referencias a lo que estaba pasando con mis amigas (expliqué mi relación con ellas en el post Friends).

Tres años después, vuelve este ejercicio a mi cabeza. Esta vez lo repaso mentalmente antes de dormirme, ¿qué es lo que más contenta te ha puesto durante el día? Casi siempre esta relacionado con el blog, los momentos de fortaleza que siento después de ir a nadar o lo bien que me siento cuando estoy con mi media naranja. También me pregunto lo contrario y la respuesta siempre es: trabajo, descanso, calambres, …

Entonces, una vez que ya sé cuáles son las situaciones que me pone no-feliz, ¿buscamos alguna solución?