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Cuando me diagnosticaron, hacía poco deporte, más bien, toda mi vida ha sido así. Recuerdo que me recomendaron hacer la natación, andar y hacer yoga para la esclerosis múltiple. Andar siempre me ha gustado, me lo tomo como un momento de soledad conmigo misma, de mucho pensar y analizar. Pero por aquella época, opté por la natación por descarte. No me veía haciendo yoga, ni me atraía, ni la flexibilidad ha sido mi punto fuerte, más bien todo lo contrario.

Mi anterior actividad física

Nadar, aunque da pereza, me ha acabado encantando. Noto que mi cuerpo no pesa en el agua y los movimientos son libres y suaves. Cuando estuve estudiando para la oposición iba prácticamente todos los días. Pero también lo he dejado por largas temporadas. Me siento muy bien en el agua, pero después, las horas siguientes estoy agotada. Nunca he sabido medir mi cansancio mientras estoy en la piscina, allí todo se vuelve muy liviano. Me costaba nadar y trabajar, así que tenía que planificar la natación con trabajar. Cuando fui madre, todo se volvió más difícil aún. Al final, lo acabé dejando por cuestiones de tiempo y energía.

¿Por qué empecé a practicar yoga?

Estuve muchos meses sin hacer nada, la bimaternidad agota y dedicar tiempo a ti misma, se vuelve un lujo. Entonces, empecé con ansiedad por mi futuro laboral. Busqué qué podía hacer para mejorar esa situación, y una de las recomendaciones era hacer yoga con su correspondiente meditación. Me puse a ver vídeos en YouTube sobre yoga para principiantes. Me di cuenta que algunas posturas –asanas– , las había hecho en mi vida anterior.

Así que un día probé. Me puse un vídeo y lo seguí. No me sentí tan mal como esperaba, todo lo contrario, acabé relajada. Volví a hacerlo otro día, y otro, y otro. Me aprendí la secuencia de memoria. Los primeros días, me costaba más hacer las posturas, pero fui ganando en fuerza, flexibilidad y control sobre mi cuerpo.

Entonces decidí comprarme una esterilla más adecuada y unos bloques para ayudarme con la flexibilidad. También libros, cursos online, comencé a seguir blogs, cuentas de Instagram, … Como dice una amiga mía, practicamos yoga de andar por casa que nos hace sentir bien.

Me planteé asistir a clases, pero sin tiempo, con un cuerpo en el que me tengo adaptar según se encuentre, obligaciones que no puedo evadir y verme incapaz de seguir durante una hora las clases. Decidí que no era mi momento y deseché la idea. Aunque no lo descarto en un futuro, porque sería lo más apropiado.

Lo que me aporta el yoga

Comprendí que en el yoga no es todo flexibilidad, que además se puede trabajar y que hay un componente de concentración fundamental. La meditación consigue que conecte conmigo misma y dejar a un lado todo lo demás. He aprendido a respetar las limitaciones de mi cuerpo, a conocerlo, a no imponerle lo que me gustaría hacer. Me he reconciliado bastante con él, he aprendido a trabajar cuidándole. Soy más consciente de hasta donde puedo llegar, lo que avanzo y retrocedo. Por ejemplo, en el último brote he tenido más consciencia de las consecuencias y limitaciones que me ha dejado el brote.

Me he enganchado. Mucho. Los progresos son lentos, pero se va avanzando poco a poco. Si tienes un mal día se nota, y al contrario, también. Me gustan especialmente, las posturas de equilibrio que requieren concentración y mucha práctica. Las repito hasta la saciedad. Me pico cuando no me salen, que suele ser la mayoría de las veces, y me reconforta cuando lo consigo.

He mejorado mucho en equilibrio y fuerza. También tengo menos calambres, especialmente cuando la práctica es más regular. He asimilado que no puedo hacer yoga dos días seguidos, que mi cuerpo necesita descansar. Cada vez que lo he intentado, al tercer día estoy muy cansada. Media hora es mi tiempo máximo, si me paso, al día siguiente pago las consecuencias. Incluso ha habido días en los que he estado muy cansada, he estirado de forma suave, sin forzar y me he sentido algo mejor, menos pesada.

La gran ventaja, es que se acopla a mi vida, a veces, incluso lo he practicado con mi hija y resulta muy divertido. He procurado todas las semanas dedicarle aunque sea media hora. En gran medida lo he conseguido, ha habido semanas que han sido más, y otras menos, pero he tenido cierta continuidad. También me resuelta más sencillo, adaptarlo a las circunstancias de mi cuerpo de ese momento, variar la intensidad, el tiempo y las posturas (asanas).

Yoga en la playa

Especial mención practicarlo en la playa. Fui algunos días por la mañana en marzo-abril cuando todavía no hacía calor. Tiene ciertas ventajas e inconvenientes, que me convencen a medias. Meditar en la playa escuchando el mar, las gaviotas y sentada sobre la arena, es algo maravillosamente indescriptible. Practicar allí es algo más difícil, el suelo es irregular y hay mucha claridad. Demasiada para mí, que me toca ponerme gafas de sol, además de crema solar. Así que en general, se vuelve más incómodo por el sol y el calor.

De la vergüenza que pasas también hay que hablar. Porque posturas perfectas, en Instagram o para personas que llevan años de práctica. El resto, tenemos en nuestra cabeza donde queremos llegar mientras nuestro cuerpo lo intenta, y los que pasan cerca se preguntan qué diantres estás haciendo.

Seguramente si me saliese todo perfecto, no me sonrojaría. Pero ese nivel de exigencia no quiero que me atormente. Creo que para mí ya es un logro, hacer lo que hago. Si al resto les parece un churro, que no miren. Soy imperfecta, estoy aprendiendo, estoy sola, y encima, tengo una enfermedad.

Quiero empezar, ¿qué me recomiendas?

  • Si puedes asistir a clases con un profesor, hazlo, si no, entonces infórmate. Haz secuencias acordes a tus limitaciones y circunstancias. En cualquier caso, no hagas nada que te haga daño.
  • Si quieres practicar en casa, una buena esterilla de yoga y unos bloques siempre ayudan.
  • Ropa cómoda. Prefiero las mallas ultrapegadas, como si fuesen una segunda piel y tener libertad de movimiento. Algo parecido con el pecho, tops que ajusten mucho mucho para que no se mueva nada.

Información de interés en la red sobre yoga

En la red, hay mucha información. Solo tienes que buscar al nivel que necesites. Mis búsquedas siempre han sido «yoga para principiantes». También os pongo, lo que más me ha gustado y me ha ayudado:

  • Yoguineando: Blog sobre yoga y humor en español, tiene un manual de iniciación al yoga maravilloso.
  • Xuan Lan Yoga: su canal de YouTube y sus clases son aptas para todos los públicos. Sus explicaciones sencillas y alternativas por si no puedes, enganchan a seguir viéndola. Su primer libro también es genial para empezar.
  • MalovaElena: su canal de Youtube tiene infinidad de vídeos para todas las circunstancias.
  • Aprendeyoga: su perfil de Instagram con sus posturas, modificaciones y errores más comunes. En ocasiones, son complejas, pero las variaciones que hace son interesantes.
  • Yogadailypractice y yogapractice: son cuentas popurrí de yoga que te puedes encontrar por Instagram con diferentes niveles de dificultad.

Mi primera clase de yoga

Después de escribir esta entrada, dos semanas después, vencí todos mis miedos e inseguridades y asistí a una clase de yoga. Todas mis impresiones las he recogido en este vídeo:

Esto es todo, ojalá haya sabido transmitir lo que ha supuesto para mí practicar yoga y haya podido animar a otras personas, ¡feliz práctica yogui!

12 Replies to “Practicar yoga con esclerosis múltiple”

  1. Carmen Quirós Gamero says: 07/07/2019 at 20:56

    Gracias por toda esta información, me has animado a intentarlo. La ansiedad, los calambres, me están avisando de que necesito un cambio, y creo que me puede ayudar. Le voy a echar un vistazo a todo.

    1. Paula Bornachea says: 16/07/2019 at 13:00

      ¡Uy qué alegría! Ya me contarás qué tal te va 😉

  2. Raquel says: 08/07/2019 at 14:14

    Gracias por la información!, en mi caso en una época de ansiedad empecé a practicar Reiki, y también aprendí algo de meditación. Dedicar todos los días un rato me ayudó a controlar la ansiedad hasta el punto de que pude dejar los ansiolíticos. Aún lo sigo practicando, menos frecuentemente, pero me ayuda bastante a relajarme, a dormir y aunque puedo reconocer que no es milagroso ayuda mucho a controlar los síntomas de la enfermedad.

    1. Paula Bornachea says: 16/07/2019 at 13:06

      Lo que realmente me ha ayudado con la ansiedad ha sido acudir a terapia. El yoga y la meditación ha sido un complemento más.

  3. Silvia says: 09/07/2019 at 17:48

    Yo llevo unos tres años practicando yoga una hora a la semana, yo soy muy elástica y aunque ya voy con muleta por falta de equilibrio y fuerza puedo seguir las clases bien. Siempre con el apoyo de una pared. Cada semana hago las paces con mi cuerpo.
    Otra cosa que me está ayudando es la electromusculacion. Hago cuadriceps sin cansarme y gemelos y me dan más autonomía. No lo dejo. Y a esperar que la ciencia remielanice!!!

    1. Paula Bornachea says: 16/07/2019 at 13:06

      ¡Qué alegría leer experiencias como la tuya! Gracias por compartirla 😉

  4. Raquel says: 09/07/2019 at 20:09

    Algo similar al Yoga que a mi me ha ayudado mucho ha sido Pilates, llevo algo más de año y medio practicándolo y te da también más fuerza en extremidades, trabajas además la flexibilidad, y gracias a infinidad de posturas que comparte con el Yoga, mejoras también un montón en equilibrio. Luego tiene también muchísimos ejercicios para fortalecer distintas partes del cuerpo, te enseña a controlar la respiración, y a mi me ayudó especialmente con los calambres y tirones en espalda y glúteos. yo asisto a dos clases de 1 hora a la semana, y otra hora más que e práctico en casa. Cuando empecé a practicarlo, acababa de salir de un brote medular que se complicó con una hernia, tenía pinzado el nervio ciático y fuertes dolores en el músculo piramidal (glúteo) y tube que coger una muleta para ayudarme a caminar. Necesitaba urgentemente fortalecer músculos de la espalda y puedo decir que para mi fue todo un descubrimiento, cambió mi día a día, se hizo bastante más soportable y llevadero. Hoy camino sin bastón y puedo recorrer un km aproximadamente sin descansar, eso sí siempre que sea por la mañana

    1. Paula Bornachea says: 16/07/2019 at 13:10

      ¡Qué bien que te ha ayudado tanto el Pilates! Muchas gracias por compartir tu historia 😉

  5. Omar Sharaf says: 10/07/2019 at 18:00

    He leído tu entrada de yoga. Me encanta cómo te expresas, qué pena no haberme metido antes en tu blog, pero bueno dicen que nunca es tarde. A mí con el yoga me pasó algo parecido, al principio hacía casi siempre natación, y gimnasia para discapacitados, pero no está instructor finalmente decidió empezar a hacer yoga con nosotros. Y sinceramente tengo que decir que desconocía absolutamente lo que era y ahora mismo me parece buenísimo

    1. Paula Bornachea says: 16/07/2019 at 13:13

      Nunca es tarde para empezar 😉
      Pues a mí me ha pasado algo parecido, desde luego, me parece lo mejor para nosotros.
      Un abrazo!

  6. Vanessa says: 31/07/2019 at 22:50

    Siiiiiii, es genial!
    El yoga fue la primera recomendación que me hizo mi neurólogo. Fue mi gran descubrimiento tras el diagnóstico, yo que nunca había hecho deporte y ahora, he de decir, que me encanta.
    He probado varios deportes, pero como tú dices, el yoga te permite regular, valorar y sobre todo, sentir en cada momento cómo va actuando en tu cuerpo.
    Hay meditaciones que no comparto, como cuando hablan de cómo nos enfermamos y cómo está en nosotros el sanarnos… Si fuera tan fácil… Entonces, tardo un par de semanas en retomar la actividad, hasta que se me pasa el enfado. Pero al final, me quedo con el bien que me hace.
    También soy mamá de dos niños pequeños, con las complicaciones organizativas y demás, pero mis chicos me dan ese espacio y hasta me permito un seminario de fin de semana de vez en cuando!
    Animo a todos a activarse con lo que les ayude a sentirse mejor!
    Un abrazo desde Alemania!

  7. Aitor says: 10/09/2019 at 23:55

    Mucho ánimo Paula!! Gracias por compartir tu experiencia

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