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Después de cuatro años sin nuevos síntomas, me ha dado un brote sensitivo en la pierna buena, la derecha. Los primeros días me costó mucho procesarlo, provocando un batiburrillo de sentimientos que intento ordenar escribiendo. Por las mañanas era un mar de lágrimas y después, se me iba olvidando.

Desde hace varios meses, rondaba en mi cabeza lo afortunada que soy por encontrarme así después de once años de enfermedad. Si me lo hubiesen dicho en el diagnóstico, no me lo hubiese creído. Pero cada día, daba gracias porque el tratamiento me funcionase, por no tener nuevas lesiones en la última resonancia, por ser madre, por seguir trabajando y por encontrarme mejor, de lo que siempre he pensado. Al mismo tiempo, de vez en cuando, se llenaba mi cabeza de incertidumbre. Otras veces, pensaba que algún día me iba a tocar y que esta racha no iba a ser eterna.

¿Cómo me di cuenta que era un brote sensitivo?

Como casi todos los días, empecé a pasarme el masajeador anticelulítico (para la lipoatrofia) y noté que lo que sentía era como si tuviese cientos de capas de ropa en el muslo. Hacía un par de días que no lo hacía. No sentía lo mismo que la última vez. Me metí a la ducha y el roce del agua, me dolía. Noté que sentía la pierna por dentro, helada. Justamente, recordé que la última vez que hice yoga, mi pierna no rendía de la misma forma que días anteriores. Aunque, tampoco le di mayor importancia, sería el cansancio o el calor, pensé.

A partir de esa sospecha de que algo no iba bien, empecé a palparme la pierna y me di cuenta, que tenía dormido desde la cintura hasta la rodilla. Al día siguiente cuando me desperté, tenía dormida toda la pierna, hasta el dedo gordo del pie. Me costaba andar, sentía como si pierna fuese de blandibú, especialmente la cadera y la rodilla, como si en la planta del pie tuviese un corcho. A veces, también me daban como pequeños espasmos, mientras iba caminando.

En esa pierna nunca me había ocurrido nada, solo síntomas paroxísticos, no tenía secuelas. Así que eran nuevos síntomas que duraban ya más de 24 horas. Sin duda, era un nuevo brote sensitivo en la pierna derecha.

¿Cómo actué frente a un brote?

Tenía que ir al hospital a una visita con el cirujano para la operación de tiroides. Así que me pasé por la consulta para comentárselo a la enfermera. Al día siguiente me llamó la neuróloga. Le describí los síntomas y quedamos en volver a hablar en una semana. Como no sabíamos en qué momento del brote, me encontraba, si empeoraba, también tenía que volver a llamarla. Le pregunté sobre si esto implicada un cambio de tratamiento y me contestó, que había que esperar evolución y valorarlo después.

En mi vida diaria, he seguido trabajando para no pensar. Sabía que, si me quedaba en casa a descansar, me iba a poner una serie y a darle mil vueltas. Así que aprovechando las buenas condiciones que tengo este año, decidí continuar para despejarme la cabeza. Además, aunque estamos a final de curso, estoy cansada, todo el trabajo es más llevadero. Solo faltan evaluaciones, notas y exámenes extraordinarios.

En mi vida maternal, nunca me había dado un brote siendo madre. Como la enfermedad es algo complejo de entender para mi hija mayor. Le he contado que tengo la pierna malita, con dolor y que igual tengo que ir al médico a que la vean. La cuidamos, la damos besitos y me deja apoyarla en su silla. Por las tardes, me quedo en casa descansando mientras se van al parque con su padre.

¿Qué ha podido desencadenar el brote sensitivo?

Esta es la eterna pregunta, saber si alguna situación ha podido desencadenar el brote. Por redes sociales, varias personas me han preguntado por el estrés que me haya podido generar la operación de tiroides, el final de curso o la organización de EMredes19.

Sí, me van a quitar el nódulo y con él, la mitad del tiroides. De la operación me había hecho a la idea desde Abril, al comprobar que había vuelto a aumentar su tamaño. El final de curso y EMredes, han sido semanas de mucho trabajo, pero con calma. Al ser la tercera edición de EMredes, todo va más rodado, menos nervios y más experiencia. El final de curso lo planifiqué hace un mes, eso me ha permitido organizarme mucho mejor.

Cuando sí me vi mal fue, a finales del año pasado, principio de este. Tenía mucho estrés y mucha ansiedad. El yoga me ha ayudado todos estos meses, pero al ver que no lograba controlar la situación, empecé a ir a terapia. Desde principios de año voy al menos una vez al mes. Me está ayudando mucho con el estrés, la ansiedad, aceptar que tengo pensamientos negativos y que no pasa nada por tenerlos.

Así que no sé si es consecuencia de toda la ansiedad del año pasado, de que no paro ni un segundo en mi vida diaria o simplemente, me tenía que tocar. Aunque lo he analizado, prefiero no pensarlo demasiado porque no logro sacar nada en claro. Tampoco quiero sentirme culpable por haberme sentido así. Busqué soluciones, quizá tardé un poco, pero empecé a ir a yoga y después a terapia. Desde entonces, he sabido gestionar mucho mejor todos mis pensamientos y sentimientos negativos.

¿Cómo me encuentro actualmente?

Los síntomas sensitivos siguen igual. Lo que he mejorado ha sido mi marcha. Apenas se me nota al caminar, noto que la pierna me sujeta más el peso, aunque duele en ciertos puntos. Cuando estoy andando mucho, cojo peso o estoy mucho tiempo de pie, ese dolor se vuelve más intenso y me tengo que sentar para descansar.

Anímicamente, también estoy más animada. Pasados los primeros días de angustia y rabia, me he resignado, lo he aceptado y he seguido hacia delante. He intentado no pensar en cambios de tratamientos, ni en causas de brotes, ni nada que implicase anticipar una situación. He tolerado la incertidumbre del momento, y de lo que vendrá.

Esta ha sido mi historia de un nuevo brote, en esta ocasión, sensitivo en la pierna derecha. Después de cuatro años sin brotes, ha sido una torta de realidad bien dada. En plan, no te olvides, que tienes una enfermedad y se llama esclerosis múltiple.

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6 Replies to “La historia de un brote sensitivo”

  1. Ampa says: 09/06/2019 at 22:41

    Gracias por tus palabras, por comunicar tu exterior y tu interior de forma tan sana…..gracias….

    1. Paula Bornachea says: 24/06/2019 at 15:35

      Gracias por tus palabras <3

  2. Bovary says: 03/08/2019 at 09:03

    A veces parece que un día, una semana o un incluso un año sin brotes sea una cuenta atrás, menos tiempo para el siguiente. Por eso hay que vivir cada día intensamente.

    1. Paula Bornachea says: 25/08/2019 at 14:40

      Totalmente de acuerdo!

  3. Rosa says: 14/09/2021 at 22:37

    Hola Paula,
    Me ha ayudado mucho leer este post, porque actualmente me encuentro en una situación precisa. En mi caso, estuve tomando Fingolimod, me iba bien en cuanto a que no tuve ningún brote más, hasta que decidí dejar el tratamiento porque en la resonancia no me había paralizado la enfermedad. Resulta que el Fingolimod puede dar un efecto rebote y provocarte un brote (y así fue en mi caso…me afectó a la visión del ojo izquierdo). Estuve ingresada para ponerme 5 bolos de cortisona…y poco a poco, me fui recuperando y ya veo bastante mejor. Por esa parte, bien. Pero, al cabo de un mes, tuve otro brote, esta vez sensitivo, y todavía sigo. Esta vez, no he querido ponerme más cortisona y aguantar. Pero depende del momento, parece que el adormecimiento va y viene…mientras tenías el brote, ¿hacías yoga?¿o primeramente descansaste? Hoy estuve haciendo yoga, como solía hacerlo antes de todo esto…y me agobie un montón porque no puede hacer ni la mitad de las cosas :(. Me entró la duda de si debería bajar el ritmo hasta encontrarme algo mejor. ¿Qué opinas tú? ¿Debería reposar, por tener el brote?¿o es bueno, aunque sea más relajadamente, seguir moviéndose aunque cueste?
    Muchas gracias por todo lo que compartes. Eres genial! Te deseo mucho ánimo y suerte en tu recuperación. Saludos!!

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