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He tenido ansiedad en tres periodos de mi vida. En la universidad, después del diagnósticos y estos meses atrás. La primera vez fue por una situación que viví, cuando se terminó, la ansiedad desapareció. El periodo más largo fue después del diagnóstico, fueron meses muy duros en los que tuve que afrontar el diagnóstico, el olvido que sufrí por parte de mis amistades y la posibilidad de cambiar de trabajo. Y estos últimos meses, al afrontar la bimaternidad «sola», el verano con su fatiga, el cambio de especialidad, el blog, … Sentía que había perdido el control de mi vida, tenía miedo a fracasar como madre, a tomar una decisión que no podría hacer realidad, en cierta manera, me obsesioné con hacer viable ese cambio laboral, porque era lo mejor para todos y si no se cumplía, todo se iba a la mierda.

La primera vez, no sabía que tenía ansiedad, fui al médico y cuando me lo dijo, no me lo tomé muy en serio, por aquella época no asociaba mi edad con problemas de salud. Años después, con toda la avorágine de sentimientos del diagnóstico, la psicóloga me volvió a mencionar la ansiedad y durante muchos, muchos meses estuvimos trabajando en todo el proceso. Esta última ocasión, la gestión ha sido un desastre por mi parte. Sabía lo que me pasaba, sabía lo que tenía que hacer, pero no encontraba la fuerza para involucrarme en la solución. Me escudaba en que en septiembre se me iba a pasar todo.

Bueno, sí, en parte, tenía razón, más o menos, porque poco a poco todas las piezas del puzzle han vueltto a encajar, pero lo que he sufrido y lo mal que lo he pasado, no quiero que me vuelva a ocurrir y tengo un runrún en la cabeza, que hace que esté continuamente alerta. En su día, lo que más me ayudó fue acudir a la psicóloga, en está ocasión, tenía que buscar a alguien, empezar de cero, contarle todo, confiar en él/ella, congeniar, … Todo esto me daba una pereza terrible, así que fui dejándolo pasar, la bola se iba haciendo más grande pero a su vez me aferraba a que el tiempo se iba acortando.

A las personas de mi entorno que se lo iba comentando, todos me respondían que me tranquilizase, que todo iba a salir bien y que si no salía como esperaba, pues tendría otras opciones. Con sus palabras intentaban animarme, se las agradecía pero en mi interior pensaba que si pudiese tranquilizarme, lo haría, y que si no pudiese pensar en otra cosa, también lo haría. No les culpo por no encontrar las palabras adecuadas, lo hacían con todo su cariño, solo intentaban ayudarme y pensaban que esa era la mejor forma.

Si tuviera que describir estos últimos meses con una palabra sería angustia. Me sentía angustiada, en tensión, con miedo, muy nerviosa, sin fuerzas y muy pequeña. Sentía una opresión en el pecho, a veces tenía naúseas, otras sentía que mi mente cortocircuitaba y sufría mareos, otras no podía dormir, a veces me tumbaba en la cama y sentía que me ahogaba. Luego, los pensamientos se extendieron a otras facetas: maternidad, blog, … Al final era todo. Mi cabeza era un caos. No quería pensar pero no sabía cómo dejar de pensar, también quería convencerme de no pensar así, pero no podía, estaba completamente bloqueada.

Todo lo anterior ha ido desapareciendo, no ha sido por arte de magia pero con el paso de los días, de las situaciones que se han ido resolviendo y de mis ganas por no continuar así, he ido controlando más o menos todos los sentimientos y pensamientos que aparecieron en su día. Ahora estoy más tranquila, adaptándome, cansada, un poco estresada con el cambio, aprendiendo, intentando dar lo mejor de mí, pero bastante mejor que hace unas semanas. No siento que la situación me supere, o por lo menos, no tanto como antes.

Estos meses, he descubierto que no se me da especialmente bien gestionar mis emociones y pensamientos cuando tengo que enfrentarme a cambios importantes que afectan a diversas facetas de mi vida. También, que no puedo volver a pasar por esta situación, no de la misma manera, y que no puedo quedarme de brazos cruzados mientras esa angustia se apodera de mí. No estoy muy convencida que la próxima vez pueda gestionarlo sola. Así que volveré a hacer lo que me sirvió la última vez, pedir ayuda e ir al psicólogo/a.

3 Replies to “Mi experiencia con ansiedad”

  1. Izas says: 19/10/2018 at 00:06

    Hola, Paula! Encantada de saludarte. Te sigo desde hace tiempo, aunque es la primera vez que te escribo. Estoy pasando por el primer brote después del inicial del diagnóstico y ya sabes, es complicado. Me alegra ver cómo te has convertido en madre, cómo has ido evolucionando y adaptándote a tu nueva “condición”. Yo también estoy en ello, estoy estudiando unas oposiciones con la fe de que me facilitarán el futuro… y me gustaría ser madre tambien, aunque es algo que me da muchisimo miedo. En fin, espero seguir leyéndote por aqui. Un abrazo

  2. Laetitia Orellana says: 01/11/2018 at 16:31

    Yo llevo especialmente mal no haber iniciado todavía el tratamiento. Cuando me diagnosticaron meses atrás pesaba que me iban a empezar a tratar enseguida, pero nada. Esto es desesperante. Hasta la fecha, he tenido suerte y los brotes que he tenido han sido relativamente leves pero vivo con el miedo de que me de un brote serio. Cada vez que noto una sensación rara en el cuerpo pienso que me está dando un brote. Supongo que cuando llevas más tiempo te acostumbras a esas cosas, pero ahora mismo, me asusto cada vez que pasa.

  3. ¿Qué me está ayudando con la ansiedad? - Una de cada mil says: 24/04/2019 at 17:32

    […] peor. A todo esto, también estaba recién parida. Así que la situación era un cóctel explosivo. En esta entrada, os conté con más detalle mi experiencia con la […]

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