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Siempre he intentado hacer deporte, siempre que he podido, siempre que me he encontrado bien y siempre que las circunstancias me lo han permitido. Y para que se conjuguen todos estas premisas, no siempre ha sido fácil, por lo que es bastante habitual que lo deje, lo retome, lo vuelva a dejar, vuelva a empezar, y así ha sido durante todos mis años de diagnóstico. Nunca me he propuesto grandes retos con el deporte, simplemente, practicarlo para poder mejorar y sentirme mejor.

Andar siempre me ha resultado lo más cómodo, en contadas ocasiones he dejado de hacerlo porque controlo bastante bien mi esfuerzo, mi energía, el tiempo, en qué momento me tengo que dar la vuelta y cuándo puedo seguir. Me encantan mis largos paseos de reflexión, con un poco de sol y con vistas al mar. Pero a la vez también siento que no es suficiente para ciertos músculos -pelvis y lumbares- y que necesito combinarlo con natación, porque siempre he obtenido muchos beneficios de esta unión.

No me da pereza ir a la piscina, pero siempre he ido a trancas y barrancas porque me dejaba agotada, por ejemplo me quedo sin fuerzas para poder ir a trabajar -iba al mediodía-. Me encanta todas sus sensaciones -menos el agotamiento-, me encanta estar en el agua, que no me cueste mover la pierna, consigue que salga como flotando, con mucha satisfacción y una relajación total. Pero en el agua no controlo el esfuerzo, ni el tiempo, ni mi energía, ni sé cuando parar, ni cuando debo seguir para poder continuar con mi día a día. Y estas son las razones que siempre me han echado para atrás a la hora de ir la piscina, midiendo cada visita y cuadrándolo con el resto de planes del día. Han sido infinidad de veces las que me he pasado -en el agua es muy fácil- y me sigue dando miedo acabar exhausta.

Con las elecciones autonómicas del 2014 cerraron la piscina para reparar el tejado, a día de hoy sigue cerrada pero a principios de año abrieron una en el pueblito de al lado, así que nos hemos apuntado toda la familia. Primero vamos a ir como actividad familiar, todos juntos, así podré jugar con Nora y dejarla con su padre mientras doy mis cuatro largos -no más- de rigor. Después la idea, es ir otro día, no sé si al principio ir un día por la mañana con Nora, juguetear en el agua y más adelante según me vaya habituando, ir sola un día por la tarde. No sé, no lo tengo claro, son ideas que se me han ocurrido, sin nada fijo que iré viendo según cómo me vaya encontrando con la única finalidad de conseguir pisar la piscina dos veces por semana.

Ya he tenido mi primera visita, con poquitos largos, también jugando con la peque en la piscina pequeña, he vuelto a sentir todas esas sensaciones que tanto me gustan. Salí muy cansada pero como fuimos por la tarde, me acosté pronto. Aunque lo más importante es que he vuelto, y lo he vuelto a intentar otra vez, por enésima vez.

One Reply to “Fracasar con la natación y volver a intentarlo otra vez”

  1. Carmen says: 22/03/2017 at 09:29

    Hola soy hija de paciente de EM, a mi madre se lo diagnosticaron en el año 1990, yo tenía entonces 12 años. Acabo de descubrir tu blog. Un abrazo muy fuerte

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