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Cuando me diagnosticaron me dijeron que era bueno hacer deporte, especialmente andar, yoga y natación. Desde mis clases de educación física no había hecho nada, iba a esquiar de vez en cuando pero poco más. En mi adolescencia probé todos los deportes del mundo mundial -tenis, fútbol, baloncesto, natación, voleibol- y ninguno conseguía engancharme lo suficiente como para seguir.

Pero con esa recomendación explícita de lo mejor es que te muevas, decidí que si eso iba a ayudarme, pues había que ponerse a ello. Comencé con andar y natación porque me pareció lo más fácil y lo que más me atraía. Así que me fui a una tienda de deportes y me compré unas zapatillas deportivas, un bañador, un gorro y unas gafas de natación; también me saqué el carné de la piscina porque a la larga me salía más económico. Recuerdo que cuando volví de comprar mi nueva indumentaria, mi madre me miró con cara de acabas de tirar el dinero porque no lo vas a usar.

Foto 1-8-16 15 20 45Estas zapatillas -las de la foto- son las que me compré esas primeras semanas después de mi primer brote. Las dejé en casa de mis padres cuando la suela se empezó a caer y me compré otras, con las segundas se rompió la puntera y me compré unas terceras, que son las que uso en la actualidad. Ahora ya no tienen casi suela, y las voy a tener que jubilar definitivamente, pero siento cierta nostalgia por todo lo que significan para mí.

Hemos recorrido muchos kilómetros juntas, mis primeros pasos cuando comencé a andar, me han acompañado en las interminables reflexiones que dedico en esos momentos y sobre todo, me dicen que ocho años después sigo caminando, algo que cuando me las compré dudaba que fuese a ser así.

2 Replies to “Las zapatillas que significan que sigo caminando”

  1. Irene says: 02/08/2016 at 11:38

    Hola Paula, pues el diagnóstico me pilló con una buena mudanza de por medio. Como estaba a medio camino del verano, nos quedamos cerquita, sin salir de la península. En ese momento aun no tenia medicación asignada y estuve como siempre, de mochilera. Al mes siguiente me inscribí en la piscina del barrio y allí sigo. Aprendí a nadar ya con 25 años y tuve unos años de parón, porque no tenía horas el día para hacerlo; a mí ganas no me faltaban (de pequeña jugaba al fútbol). Y andar, pues doy paseos todos los días sacando a la perra. Siempre me gusta andar, ya sea por la ciudad o por el campo. El verano pasado lo pasé con algo de miedo en las vacaciones, pero todo salió genial. Nos regalaron entradas para la feria de Milán y aquello no tenía fin; también estuvimos en Caserta, en los jardines del palacio real y aquello también era interminable. Si he superado eso, qué me quedará. Un beso.

  2. chloë says: 03/08/2016 at 00:04

    Me ha gustado mucho esta entrada Paula, me alegro que después de ocho años las cosas te vayan mucho mejor de lo que pensabas. Yo mi ropa del año del primer brote, diagnóstico, pruebas, punción… la tuve que dar toda, fui incapaz de volver a ponerme esas prendas, me traían muy malos recuerdos

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