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Cuando me diagnosticaron tenía 23 años. Era joven, todavía tenía que madurar, recién licenciada, llevaba unos meses en mi primer trabajo, compartía piso, tenía novio y salía todos los fines de semana. No era muy consciente de la enfermedad. En mi mundo esa circunstancia no se daba, eso le pasaba a personas más mayores, a padres, abuelos, tíos, … Pero no a mí, ni al entorno más próximo en el que rondábamos la veintena.

Antes del diagnóstico

Nunca me había pasado nada grave, como mucho me rompí los dientes dos veces y me caí de la bici en otro par de ocasiones. Recuerdo que cuando acabé bachiller me costaba ver y me pusieron gafas. También recuerdo, que en verano me dolían las piernas y me costaba mucho moverlas. En otros momentos, me mareaba. Son síntomas que ahora cobran sentido pero que en su día eran pasajeros, sin mucha más importancia.

La esclerosis múltiple llegó

Hubo muchas cosas que dejé de hacer por el diagnóstico, me dejaron de apetecer. Por ejemplo, dejé de querer salir hasta las tantas todos los sábados. Me encontraba cansada, quería sentarme en lugares donde no había sillas y me molestaba mucho el ruido. Me dejaron de hacer gracias los cafés de los domingos con las batallitas del día anterior. Para mí no tenían importancia y para el resto sí.

Mi cuerpo y mi mente me pedían tranquilidad. Mis preocupaciones dejaron de ser banales, a todo lo contrario: cuidarme, ponerme un tratamiento, revisiones periódicas. En su día las otras preocupaciones eran lo más importante para mí, pero mi ritmo de vida cambió. Lo que antes me parecía lo más, con el diagnóstico, lo empecé a detestar. Mis amistades seguían su ritmo, les dio igual el mío, lo que me pasaba y cómo me sentía. Entonces comencé a desconectarme de mi vida anterior, y del mundo en general.

Del repente, tuve que madurar, mucho y muy rápido.

Y me perdí.

No supe cómo gestionar todo lo que me estaba pasando. Ni mis emociones ni las limitaciones físicas a las que me enfrentaba pretendiendo seguir como si nada. No tenía recursos para hacerlo, no tenía que seguir hacia delante. En mi vida yo seguía, era todo más sencillo, las dificultades no eran tan graves, pero toda esa motivación se esfumó de repente. Y me quedé sin novio, sin amigas, con una enfermedad, con depresión, con un trabajo que iba a dejar, sin aficiones, sin planes. Sin la que había sido hasta entonces mi vida sin grandes preocupaciones, ni grandes problemas.

Con el paso del tiempo

Después seguí hacia delante. Terminé de madurar lo que me había pasado. Aprendí a hacerlo, a relativizar, a preocuparme por lo que verdaderamente importaba, a divertirme de otra manera y a afrontar numerosas y novedosas situaciones. Empecé otra vida nueva al cabo de unos años, dejé por el camino muchas cosas y comencé otras.

Y hasta hoy, casi once años después, con mi nueva vida y una Paula renovada.

3 Replies to “Cuando a los 23 años tuve que madurar muy rápido”

  1. May says: 05/02/2019 at 22:21

    Parece la historia de mi vida Paula, cambiaría el título, a los 23 me cortaron las alas, hoy en día puedo decir que me gustan más estás alas que fabriqué yo misma, mucha gente se quedó por el camino, pero también mucha gente nueva entro y lo agradezco, siempre pienso que sí no hubiera tenido la enfermedad mi vida hubiera sido distinta, y seguramente mucho peor que la que tengo ahora mismo, luego he seguido tu mismo camino, cambio de trabajo lo privado por lo público por aquello de la seguridad, una vida más tranquila y bimadre, tb como tú de un niño d 6 y una niña d meses, con una pareja que me entiende y me da una vida más locamente tranquila ..un besazo Paula!!

  2. Duke27 (@Duke2706) says: 08/02/2019 at 21:53

    Te entiendo muy bien, a mi tambien me ocurrio con esa edad. Fui diagnosticado entre los 23/24. Mi vida cambio, se perdieron amigos, estudios, trabajo, etc. Los primeros 5 años hasta los 28 anduve muy perdido. Por suerte la enfermedad no ha sido muy severa conmigo aunque tuve un brote hace tres meses que me esta dando un poco por saco.
    En mi caso ya son 14 años de aquello. Y aunque el miedo al futuro siempre esta presente he aprendido a estar mucho más entero que entonces.

  3. Fani says: 06/03/2019 at 23:01

    Buf, leer esto hoy hace que me asome una lagrimilla en el ojo izquierdo, siempre el lado izquierdo,cuantos recuerdos, cuantos sueños truncados…en mi caso el diagnóstico fue con 17 años, en COU, un brote gordo gordo…y los siguientes años fueron muy duros en cuanto a brotes y síntomas se refiere. Todo el mundo me decía que me diera de baja de COU y lo volviera a intentar al año siguiente, pero yo, que soy muy cabezona, seguí adelante, saqué el curso, saqué selectivo, estudié la carrera que siempre quise y siempre negándome a ver la realidad ,salí hasta el amanecer, trabajé en lo mío incluso en brote por no dejar que esto me venciera, pero renunciando a muchos sueños y cargando con mucho dolor… Hoy ,20 años después de ese diagnóstico, de “sacarme” también una psoriásis y una artritis psoriásica, de ser madre de una niña increíble de dos años y “madrastra” ( fea palabra) de otra niña genial de 5 años y de tener como pareja al padre de ambas, que además es una buenísima persona, es cuando mas perdida me encuentro, pues llegó el momento de la “incapacidad total absoluta para todo tipo de trabajo”…y eso, ahora si me encuentro fuera de lugar, desubicada, de mal humor…todo por la maldita fatiga, por el dolor y las mioclonías, estaba mentalizada para otra cosa, pero en fin, en realidad no me puedo quejar, todo suma, todo. Ánimo, fuerza y salud para todos.

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